Un paseo indeleble (Iñaki Arbilla)

Cuando echaron a andar creyeron que aquellos serían sus últimos pasos. Papá. mamá e hijo se cogieron de la mano. Andaban con lentitud. Habían sobrevivido a un virulento infierno. La primera explosión, rotunda, les pilló por sorpresa. También la lava, que iluminó tres noches seguidas de vigilia y ayuno, agazapados los unos contra los otros, pensando que todo acababa. Y luego aquella extraña lluvia sin agua. Solo ceniza. Toneladas de polvo. Papá se atrevió a salir en busca de comida. Fruta y raíces. Nada más. El arroyo estaba contaminado. Así que cuando él salió todavía quedaban árboles. Ahora no había nada. El color gris dominaba el horizonte hasta donde alcanzaba la vista. El paisaje resultaba apocalíptico. Papá avanzó un poco más. Pero ni el niño ni la mamá dejaron que se separara mucho. Algunos animales también habían salido de sus guaridas. Correteaban con timidez sobre la espesa capa de mineral. Dejaban sus huellas en un paseo que ninguno adivinó indeleble. Ellos que creían que no darían un paso detrás de otro. Sin embargo, millones de años después las formas de sus pies fueron halladas en el mismo lugar. En Tanzania. En lo que ellos un día probablemente habían llamado hogar.

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