Pasiones (María Gallego)

Siempre le gustaron los gatos. Blancos, por supuesto, como todo lo demás. En el pueblo comentaban que esa pasión por el blanco era consecuencia del partir del novio a pocos días del casamiento. «La loca de los gatos blancos», así se referían al hablar de ella. Nunca hablaba con nadie, la leche se la depositaba el lechero en la puerta, puntual cada día. ¿De qué vivía? ¿Cómo se alimentaba? Era todo un misterio. Siempre sola o eso creían.

Cuando el sol se perdía en el horizonte, empezaba el mismo ritual. Los gatos tornaban en bellas mujeres, dando comienzo la bacanal.

Siempre le gustaron los gatos blancos, y las hermosas y lascivas mujeres, pero esto último ellos no lo sabían.

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