Patadas y seducción (Gabriel López)

¿Pogueamos? Le preguntó él. Y poguearon. Poguea delicioso, pensó ella. Él no era como Manu. Manu no era bueno pogueando. Cuando salía con Manu, siempre debía poguear con otros para disfrutarlo. Pero él definitivamente no se parecía a Manu. Él tenía sus codos y rodillas alineados con el fuego de sus ojos.

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