Perdida en tu vejez (José de Vega)

Sé que estás a mi lado pero no te siento, al menos, tan cerca como antes. Ojalá pudiera entenderte, aunque exista este vacío atemporal que me mantiene en el limbo. Recuerdos diluidos por el líquido incoloro que envuelve nuestros pensamientos, pareciera la absenta que embriaga a los perecederos que se confinan al ostracismo, entre la penumbra que los oculta, en cualquier rincón que les acoge sin compromiso. Es el maldito tiempo, que lo cura todo pero procura el olvido. Enrevesado el imperecedero que activa nuestros latidos a su antojo, que interpone la ambigüedad rancia de la rutina por la que tenemos que ofrecer gratitud. El amor se difumina entre acto y acto; a qué suena mi voz, si mi eco ni tan siquiera está próximo. Imágenes en el mar, en nuestra casa, de inolvidables navidades en la montaña, de un campo abandonado, de herramientas, de esbozos de siluetas que encontraste alguna vez sin darle la mayor importancia. Soy un rostro emborronado, una piel transparente, un alma evocada al vacío. Seguro, dejaré de vivir cuando ya no sueñes conmigo. Pertenezco a la basura virtual de tu intelecto, que humano, prefiere recordar casi siempre lo bueno. Atrapada, en el cerebro de mí asesino.

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