Como un perro sin dueño (Jacqueline Acedo Moreno)

Rondaba en el callejón, aullando a la luna en alarido sordo. Despeinado, lleno de fango, mordiendo pulgas. Su silueta se recortaba en huesos fríos. Una sombra alargada como la de los cedros en hilera. Con la espalda arañada por los pinchos del zarzal.

Caminaba zigzagueante, desdeñado, perdido. Como un perro sin dueño.

El reflejo del sol en un charco de barro le había deslumbrado. Pedía manos cálidas. Cuerpos que rompieran el silencio con su roce.

Bebía ávido el néctar que no saciaba su sed. Solo quedaba agua salada. El agua dulce se derramo con el cántaro. Aquel que había roto en su insigne estupidez.

Se habían encontrado por casualidad.

Ella lo había mirado a los ojos y le había visto por dentro. Conocía aquellos ojos de antes, de otro tiempo.

No era una mujer corriente. Era como una figura descompuesta llena de aristas. Dibujada con líneas infantiles. Ingenua. Pintada de grises degradados.
Una loca disfrazada de persona ordinaria. Con una vida ordinaria que además ya tenía dueño.

Pero él también era un loco y todos sabemos que los locos se entienden entre ellos. Aunque fuera una locura…

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