Perros (Sara Albaladejo Albaladejo)

—Pero luego carretera y manta, ¿eh?
—¡Que sí, hostia! —soltándose, el chaval siguió andando.

Delante de él se levantaba un edificio abandonado de ladrillo gastado junto al que se extendían varios cubículos de rejas oxidadas. En ellos se amontonaban los perros, algunos ladrando y otros yaciendo inmóviles.
—Hijos de puta —la lengua casi seca del desnutrido milrazas en la primera jaula le humedeció los dedos—. Os voy a sacar de aquí.
La mayoría de los animales salió corriendo al cortar las rejas, el resto permaneció tendido. Con los ojos también húmedos, el joven se dio la vuelta.

—¿Ya? —preguntó impaciente el otro.
—Sí… —un bulto gimió desde su chaqueta.
—¡Cageoendios! Te dije… Vamos, anda. Pero lo sacas tú.

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  1. Pero lo sacas tu

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