Piropo (Juan Manuel Ramírez Paredes)

Era guapa, no había ningún espejo que lo desmintiera. Unas facciones cálidas, con los colores exactos en cada parte que la componían; ojos verdes, piel pintada en pequeñas motas pecosas y un pelo rojizo que reflejaba cualquier atardecer. No necesitaba sonreírse en maquillaje para advertir todo aquello…
El ciego la miró y le dijo algo que aún no sabía:
—Detienes mi tiempo cuando te veo.
Aquella fotografía semiperfecta se recompuso en una nueva luz, como un rostro que se ilumina al nacer: pupilas abiertas, pliegues en la comisura de los labios, ojos… pequeñas arrugas que sólo impone la felicidad de un instante y no el desgaste del tiempo.
Bajó la mirada de forma casi imperceptible y clavó sus pupilas sobre los labios que habían pronunciado aquellas palabras. Sus mejillas se sonrojaron y la boca comenzó a arquearse, suave, dejando entrever los dientes que quedaban ocultos previos a la mueca.
Era un semblante sin muros mostrando el agrado por oírse frente a alguien ajeno a los espejos.

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