El Presagio (Sara Denez)

Sentí el ruido y el golpe, no sé bien qué fue primero. Lo que sí sé es que tuve miedo y que mis piernas se aflojaron, y caí. Quedé mirando al cielo. Mis manos se unieron sobre el pecho, como en un rezo, trataban de contener el curso lento de ese líquido rojo y tibio que manaba de mi cuerpo y se me escurría a través de los dedos. Tiene olor, pensé. Y me dormí.
Cuando desperté estaba sobre un colchón de trigo maduro. La luz del sol blanquecino me cegaba. Sentía la boca seca. ¿Hacía calor? Sí, hacía. Intenté en vano levantarme. Era parte del terreno, débil, sin moverme, como si hubiera echado raíces. El silencio era enloquecedor…
Ahora veo mejor. Ya no duele tanto. El cielo está oscuro, azul, añil, violeta, verde. El trigal es inmenso y entero se mueve. Yo sigo quieto y frío. De repente, los cuervos vienen por bandadas, sus sombras negras me buscan.
¡Ah! ¡Cómo te gustaría ver esto, Theo! Es tan maravilloso y tan angustiante a la vez. Y no, ya no tengo miedo. Créeme, estoy tranquilo. Necesito despertar para poder pintártelo, y luego volver aquí para morir feliz.
Vincent

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