Prometeo Encadenado (Tesla)

Era dueño de un pequeño bar en Malasaña. Pedí una tónica en la barra y él invitó a la ginebra. «Para las chicas como tú, lo fuerte corre a cuenta de la casa». Saqué un cigarrillo y me ofreció la llama de su mechero, sus manos enjutas alrededor de la luz como protegiendo el mismísimo fuego eterno. Tras el humo de la primera calada encontré escondidos sus labios de negro; le solté una bofetada, pero se quejó del hígado: «cirrosis», dijo. «Lo que se espera de un barman.»

La última vez que lo vi entraba esposado en un coche de policía.

Le cayó la perpetua por incumplir la Ley Antitabaco.

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