Querido Cronometratario (Emma Sotillo)

Quienquiera que osó llamarme Tiempo tenía una idea muy limitada de lo que hacía, y creyó que en un vocablo podría abarcar tan. Aquel auto-proclamado nomenclador solo atinó un valor nominal al usar ese nombre. No tuvo que llegar a un acuerdo para escoger tal denominación, simplemente la voceó y listo, así quedó. Sin embargo debo otorgarle el beneficio de la duda, pues otrora el vocabulario era escaso.
Desearía obviar a quienes afirman que pueden atraparme, quemarme, cocinarme, o hasta matarme. Merecen que los ignore pero me niego a ser cruel con quienes ya sufren la idea hipocondríaca de mi peso y mi fuerza. Trato de apiadarme de los que padecen la inicua crisis del devenir, mas no tolero a aquellos que evaden la continuidad de sus consecuencias, haciendo de mí un juego. No tengo leyes ni soy árbitro. Tampoco hago anotaciones ni me debato.
Odio la Física porque me considera una etiqueta, tan poca cosa, no me hace honor. ¿Acaso se ha preguntado qué sería ella sin mí? Oh no, mi querido cronometratario, no se aflija que no voy a alardear de prepotente.
Todos saben cuan lejos quieren llegar pero sólo yo sé cuándo lo harán. No obstante no puedo evitar que sucumban a la realidad oracular.

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