Quien quiera, las come, quien no, las deja (carmen maurera picazo)

Juan era un muchacho, huérfano de padre, muy travieso y avispado. Gozaba de buen apetito, y siempre rebañaba el plato y lo dejaba limpio. Cuando su madre le ponía lentejas, por mucha hambre que tuviera, siempre las dejaba. Su madre intentaba obligarlo metiéndole la cuchara por la boca, pero él lo impedía. No había manera de que se las tragase.
En la postguerra, la vida era dura. Costaba mucho esfuerzo conseguir algo de comida que poner en la mesa. Se comía lo que había. No podías elegir. Se trataba de comer o quedarte con el estómago vacío.
Un día, su madre no pudo comprar otra cosa, y le puso lentejas para comer. Juan  hizo una de las suyas, le dio la vuelta al plato de lentejas y lo puso boca abajo, desparramando su contenido  por el mantel limpio.
-Las lentejas: quién quiera las come, quién no las deja –le dijo a su madre.
Su madre le arreó un sopapo y se enfadó mucho con él, pero Juan siguió sin comerse las lentejas.
Después de tantos años, Juan sigue sin probar ese plato tan suculento. Nunca le gustaron y jamás las probará. Aún hoy, prefiere no comer a tener que tragarse una cucharada. Él no las quiere, así que las deja, como dice el dicho.

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