Recordar acordarse (Diego Salcedo)

Acordarse no sólo significa recordar; de forma muy desusada equivale a despertarse, algo así como el crúor, que es la sangre en el mundo poético.
No recuerdo haberme despertado, sólo que ahí estaba, contemplando el firmamento en forma de techo. No sabía qué día era. Sábado quizás, por el silencio, pero nunca me despierto pensando que es sábado. Gruñí al techo y me incorporé como si me alzara de la lámina de agua una piscina, sosteniendo un pulso con el bordillo.
Entrecerré los ojos e hice un diagnóstico.
¿Resaca? ¿Dolores musculares?
Abrí los ojos a la evidencia inútil de que estaba perfectamente, ni sentía ni padecía. Me sentía etéreo y feliz de no recordar, a gusto por no sentir mi cuerpo.
Mi percepción funcionaba y recorrí lo que parecía una casa ajena. Me sorprendí con la decoración simpática y la distribución inteligente en forma de laberinto. Entonces me vi reflejado en las cristaleras repletas de antigüedades y vi la cara de chacal reflejada en ellas sonriendo muy a su pesar.
Comprendí y recordé al unísono; me acordé.
Había muerto en el museo egipcio y como todas las noches deambulaba por él e inventaba rituales de susto y miedo, intentado pasar por vivo.

Categorías



Cada lunes publicaremos la lista de los relatos más votados en la web y en redes sociales.

El número de votos conseguido solo será visible al final del Certamen.

Deja un comentario