El sacerdote catador (Cristina Cifuentes Bayo)

Yacine había sido elegido entre cientos de sacerdotes para preservar la vida del Faraón. La capacidad de su sentido del gusto no tenía competencia, mas, una mañana, su amo amaneció frío como el mármol. Los médicos dictaminaron envenenamiento y fue llamado a declarar junto con Shanotsé, la esposa real. Sensual y joven cual luna creciente, ella aseguró que, desde la cena de la noche anterior, supervisada y probada, como siempre, por el propio sacerdote, no habían tomado alimento alguno.

Yacine vio su propia muerte en el brillo de aquellos ojos negros, pero ya había entregado su vida en el momento de jurar el cargo de catador real, y la asumió sin vacilación alguna.

—Creo saber quién asesinó al Faraón, y cómo. Mas debo hablar en privado con el Sumo Sacerdote.

Una vez solos, le explicó su teoría y pidió a su espantado interlocutor permiso para comprobarla por sí mismo. No le fue concedido. La Reina de Egipto fue enviada de por vida al templo de Isis; Yacine murió de viejo, relevado de su cargo y sin conocer el gusto del sexo de una Diosa.

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