Santa (Christian Negrete Perales)

La vio comerse a su hijo, los ojos en blanco mientras devoraba el diminuto cráneo.
Desde aquel día, le nació un odio hacia ella. El niño pensó en las mil maneras de hacerle pagar.
Esperó a que se durmiera, la tomó del cuello, la llevó a la azotea del edificio y la arrojó al vacío, pero en el aire se dio vuelta y cayó parada.
Luego le inyectó cloro, como no ocurrió nada le vació la botella en la boca, nada.
Decidió encerrarse con ella en la bodega, tomó el encendedor, provocó la llama y presionó la válvula de la lata, cuando se terminó el aerosol, ella yacía envuelta en humo, como tizón.
Nadie la volvió a ver, entonces la madre del niño le explicó que las gatas se comen a sus hijos cuando nacen enfermos; él respondió que deseaba que encontraran atropellado al animal.
Pero el atropellado fue el niño. “Algo” se atravesó en el boulevard.
Ahora no puede hablar ni mover sus extremidades, todos los días observa cómo Santa, ya recuperada, se sube a sus piernas y con sus garras le arroja pelo en la cara, formando pastizales ardientes en sus pulmones. Cada día es un día menos para él, la felicidad es toda de ella, que parece que lo cuida por las noches como cuidaría a su propio hijo.

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