Secretos entre postales (María Teresa Sánchez)

La primera vez que alguien le preguntó por qué se escuchaba música en cada esquina de esta ciudad, contestó que, de no ser así, la población moriría de pena.
Recordaba ese momento mientras la gente se agolpaba frente a Princess Garden para ver los fuegos artificiales al ritmo de los grandes clásicos, un lujo para el alma.
Era 28 de agosto, había sido un gran festival, pero su cabeza estaba en otro sitio. Tocó la postal en su bolsillo, dio media vuelta y regresó al hotel.
Esa mañana había vuelto a la librería “Armchair”.  Allí encontró su “Grandes Esperanzas”, años antes, y las palabras manuscritas en su inicio le encontraron a él: “Tu amor me llena de esperanza. Te buscaré”.
Fue fácil. Su libro fue donado por un tal McGregor en 1990.
Seis  llamadas y tres visitas después lo encontró en el cementerio de Dean.
Su recién fallecida abuela le había dejado una caja con postales. Todas terminaban con un “Te buscaré”, con una caligrafía que le era familiar: la de su libro.
Su abuelo, McGregor, fue un espía durante la Guerra Fría. También fue el gran amor de su abuela. Nunca supo si la buscó.
Siempre se preguntó por qué sentía que Escocia era su hogar. Por fin le respondía la vida.

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