El señor azul (Víctor Claudín)

El Señor Azul y sus compañeros de viaje llevaban toda una vida buscando el castillo del Rey Malo para llevarse las riquezas que había robado, pero como el Rey Malo controlaba el reloj, cuando iban a llegar variaba las horas y volvían a estar muy lejos. Y como también controlaba el clima, si estaban a punto de alcanzar la cima desde donde verían el castillo, él cambiaba la temperatura y en lugar de sol caía una lluvia torrencial y tenían que volver a su campamento.
Entonces al Señor Azul se le ocurrió que sus compañeros de viaje distrajeran al Rey Malo haciendo un baile especial en lo alto de la tripa de la ballena en la que habían llegado hasta su puerta, para que no alterara el reloj ni modificara el tiempo, mientras él entraba en el castillo.
Y así se hizo, y mientras el Rey Malo seguía riéndose de las bromas de los compañeros de viaje del Señor Azul, este entró y se apropió de todos los tesoros.
Cuando todos se fueron con las riquezas, para devolvérselas a sus dueños, y el Rey Malo descubrió que ya no tenía nada, se disgustó tanto que gritó y gritó hasta que el castillo se resquebrajó y se hundió para siempre en el mar.

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