Sentidos de la vida (Ansick Grendel Coens)

Fue precisamente aquella noche de verano, la de San Juan, cuando tomó la decisión de no volver jamás.

Se dio cuenta que no podía contemplar serenamente un verde prado, ni podía gozar del gusto suave y amargo de una cerveza bebida en compañía de amigos, ni podía disfrutar del tacto de melocotón de la piel de alguna muchacha risueña ni tampoco podría asistir nunca al nacimiento de sus propios hijos.

Lo que le hizo tomar la decisión de irse de nuestro planeta fue no poder comprender de ninguna manera que aquí había, a la vez, vida y muerte, paz y violencia, silencio y verborrea, inteligencia y necedad, arte y horror.

Por eso, el Explorador mandó un escueto mensaje en su lengua (“no hay signos de vida”, decía), tomando la decisión de irse al comprobar fehacientemente que su estirpe de máquinas tendría negada nuestra básica forma de vida para siempre.

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