Sin remordimiento (Marieta Diaz de Toledo)

En aquel baile de disfraces, cuando la noche nos sorprendió en una orgía de cuerpos desnudos sin nombre, una diosa con antifaz me invitó a su boca.
Perdidos entre fluidos, una presión extraña en el estómago hizo que sintiera curiosidad por descubrir su rostro, y violando el ritual, levanté su máscara… ¡La reconocí!
Muchos años atrás ella necesitó nueve meses para expulsarme y liberar su vientre. Yo sólo unos minutos para arrestar su aire con mis dedos y verla morir.
Siguiendo el ejemplo que me enseñó al nacer, abandoné su cuerpo en el vacío de un callejón, y como entonces ella, sin remordimiento ni dolor.

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