Sin sombra (Lucas Ezequiel Cabrera Zapata)

La sombra era feliz, hasta que descubrió que era esclava. Siempre que hubiera un pequeño rayo de sol, una flama o una luz cualquiera debía andar pegada a los pies de todas las cosas, tirada como un trapo sucio en el suelo. Debía adoptar formas ajenas, extrañas, a veces pequeñas, otras tantas alargadas o agigantadas, y nunca podía ver cara a cara al sol.
La sombra era feliz, hasta que descubrió que era esclava. Entonces, decidió liberarse para poder flotar en el aire por cualquier lado y a su antojo, sin tener que ocultar nunca más a la luz su negra faz.
La sombra decidió que quería ser libre, y ese día, cuando el sol se elevó y el hombre y la mujer despertaron, sintieron que algo les faltaba, que estaban a medias…
Ya no tenían sombra.

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