Sinfonías de sal (Uxía Otero Oubiña)

Un buen día descubrí que hay lágrimas que se clavan en lo más profundo del corazón y jamás desaparecen. Lágrimas de dolor, que crean acantilados, que dejan brechas abiertas toda la eternidad. Se aferran a tu interior, para siempre, y acabas por acostumbrarte.
Las olvidas, vuelven.
En diferentes momentos, en diferentes vidas, suspiros… Pero siempre son las mismas. Siempre el mismo dolor agudo que te deja sin respirar.
El mismo miedo.
La misma melodía irónica.

Hay un violín dentro de mí que me araña todos los esquemas, haciendo sangrar hasta el más bonito sentimiento, rompiendo todos mis muros. Despacio, disfrutando de cada sollozo.
Sus cuerdas son canciones tristes, como una tormenta desgarradora que disfruta de su paseo por tu piel, con toda su inmensidad, descansa mientras tú te rompes, deja caer todo su peso y la banda sonora de tu vida se vuelve azul marino.

Supongo que es el precio a pagar cuando te has enamorado de la soledad, cuando disfrutas del sabor amargo de la melancolía, haciendo de la tristeza un vicio inspirador.
Supongo que es lo que toca cuando tienes dentro más tinta que sangre, más melodías que aire. Cuando te escoges.

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