Soledad cósmica (Jezabel Montenegro)

¿Cuántas probabilidades existen de que este cuerpo efímero coincida con otro limitado organismo, constituido por el mismo número de partículas, dispuestas de la misma aleatoria forma, es decir, con su anti-cuerpo?
Mi anti-yo vive en la puerta de al lado. Anti-mí en el A y yo en el B. Soy mi vecina y viceversa, y ambas, que somos una, desapareceremos tras un chispazo cegador si nos tocamos. Es increíble tener tan buena y mala suerte a la vez. No lucimos idénticas, nuestras moléculas han interaccionado en ambientes diferentes y adoptado matices distintos. Yo soy rubia ceniza sola y ella, que es castaña cobriza-gloss, se ha multiplicado por tres. Parece que la anti-particularidad no es hereditaria. Ojalá lo hubiese sabido antes. Podría reclamar la mitad de cada uno de sus hijos, que son mi viva imagen, como míos, pero temo un proceso demasiado largo por falta de jurisprudencia. La solución más justa y equitativa a esta soledad cósmica será un juicio salomónico. Servirán las tijeras del pescado. Vamos allá.

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