Solución (Viviana Dujovne)

Un hombre pierde el trabajo. No logra empleos fijos, sólo changas, rebusques de unos dias. Saca un crédito para montar un negocio pequeño, un kiosko tal vez. No logra pagar las cuotas a tiempo. La garantía era el departamento de sus padres, comprado con un crédito que pudieron pagar con enorme esfuerzo. El banco lo remata. Los padres, ya mayores, quedan en la calle. La jubilación no alcanza para un alquiler. Van a parar al geriátrico municipal.
Su mujer lo deja. Se va sin una carta, con las hijas.
El hombre piensa que la única alternativa es el suicidio. Camina sin rumbo fijo durante horas, cada paso más convencido de su decisión. Piensa cómo hacerlo, se imagina cada modo posible.  Va a lo de un amigo, tal vez para despedirse. El amigo al verlo apesadumbrado le habla de Jesús y de su religión.
El hombre abraza la religión, fervorosamente, como un náufrago a la balsa.
Ahora tiene los mismos problemas que antes. Pero ya no son sus problemas. Son de Dios. El verá qué hacer con ellos.

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