El sr. Nadie (Pilar Craviotto)

El señor Nadie no recuerda en qué momento su vida se puso cabeza abajo. O si ya nació patas arriba. No le gusta mirar atrás.
El señor Nadie fue niño hace mucho tiempo. Pero como no guarda buenos recuerdos, no quiere hablar de ello.
El señor Nadie fue un adolescente conflictivo y desarraigado. De pelea en pelea, con sus puños por bandera, se escondía tras corazas de miedos e inseguridades.
El señor Nadie se convirtió en un adulto sin que nadie le pidiera permiso, sin él quererlo.
El señor Nadie no sabe si la bebida le llevó a la calle, o la calle a la bebida. Envuelto en una manta vieja que ha encontrado en cualquier contenedor de cualquier ciudad, se protege del invierno.
El señor Nadie tiene la mirada perdida, vacía, apagada. Su barba sucia y desaliñada está llena de migas de pan seco que halló en otro contenedor. Sus manos, arrugadas y mugrientas, recogen colillas por los suelos.
El señor Nadie no está acostumbrado a charlar con otras personas. Prefiere resguardarse en su envase de vino barato, esconderse tras el calor del alcohol.
El señor Nadie tiene la oportunidad de ir a un albergue. Pero no quiere. No está acostumbrado a seguir normas, ni órdenes, ni a compartir espacio.

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