Sucedió en Granada (Mario Villaverde Fernández de la Puebla)

Volvimos a vernos después del verano y como cachorros corrimos al encuentro. Nos encendimos con un abrazo, mientras un beso en la comisura de tus labios despertaba tu pequeña sonrisa.
Hablamos largo y tendido en el bar de siempre, nuestra Tertulia, dos cervezas amenizaban la noche, y un poeta de nombre cualquiera, de corazón en letra y una acústica negra nos ponía la banda sonora a la noche. Dejó la tarima como maestro de ceremonias, la misma que minutos antes encaraba como aprendiz.
Me temblaban las piernas por solo verte, fuiste mi sueño y sentimiento de aquella noche.
Acabado el micro abierto pedimos una de las nuestras, Pereza sonaba para ti, y así el «Windsor» nos alumbró el camino para hacernos «Todo» aquella noche.
Hicimos nuestra la habitación. El frío no llegó hasta la mañana siguiente, nos dejó helados por fuera y ardiendo por dentro. Pero nosotros seguimos a lo nuestro, hasta «el día que no pueda más» me dijiste con la certeza de que no saldríamos de allí, el uno sin el otro de la mano.
Pasaron las horas y seguíamos sin querer movernos de allí, nos contamos todo el verano y planeamos nuestro invierno.
Fue allí donde comenzó todo, y aún nos queda la mejor parte.

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