El sueño de Occidente (Ana Díaz Velasco)

Me lancé por la borda sin pensarlo. El barco se movía sin clemencia. Las olas, agigantadas por la noche, engullendo para siempre el sueño de Occidente. Seguía oyendo los gritos. Agudos. Penetrantes. Alaridos de cerdos agonizando. El ruido del agua no lograba callarlos. Sabía que estaban ahí, encerrados, hacinados, pena capital por no pagar la cuota. Unos brazos redentores me alzaron hasta una barca inflable. «¡En la bodega! ¡La bodega!», pero los brazos no escuchaban, no entendían. Al llegar a tierra firme me secaron, me arroparon, me dieron una taza de té caliente, «¡En la bodega! Son cientos, cientos…» y los brazos que seguían sin escuchar, que seguían sin comprender. En el hospital de campaña, clavado en la arena, rellenaron una ficha con mis datos, «En la bodega…», unos brazos sordos midiéndome el pulso, auscultándome el pecho, tumbándome en una camilla, «La bodega, la bode…».
La luz del día irrumpe a través de la lona naranja. Consigo levantarme y acercarme hasta la playa. La luz del día, que se ha llevado la noche, que ha limpiado la orilla. Que todo lo calla.

Categorías



Cada lunes publicaremos la lista de los relatos más votados en la web y en redes sociales.

El número de votos conseguido solo será visible al final del Certamen.

Deja un comentario