Teatro de atardecer en Wadi Rum (Diego)

Por fin llegamos al campamento. Dejé la mochila en mi tienda y salí. En el horizonte, el cielo comenzaba a bajar su telón de azafrán. Las luces y focos de aquel mundo se oscurecían en cítrico y violeta. Se paró el tiempo, el silencio lo detuvo todo a mi alrededor. Corría una dócil y templada brisa mientras que al fondo del escenario el sol descendía lentamente, era lo único que se movía en aquel decorado. El colosal desierto parecía acurrucarse y rendirse a la creciente oscuridad que comenzaba a tiznarlo todo de un pálido gris. La quietud y placidez se adueñaron al fin de aquella umbría llanura de arena y roca, donde todo parecía imaginado, todo parecía un mundo de cartón.

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