Telaraña de diseño (Carolina Gómez Herrera)

Pisó un día la calle dispuesta a poner las aceras. La luna acechaba y no quedaban candelas. Paseó despacio sin rumbo fijo, las calles la condujeron hacia el mismísimo paraíso. Piel morena y ojos miel se cruzaron en su camino, sin darse cuenta cayó en sus brazos y fue presa del hechizo. Con ella pisó la luna y puso nombres a sus lunares, besó sus huellas, llegó a su valle. El día amaneció en tormenta que amainó en su alcoba, con la cama deshecha. 16 años esperando el misterio de su cueva. Al amanecer ningún ave cantaba, quizás el cielo sabía lo que ya se presagiaba. Presa de la locura tomó su mano para recorrer el camino, quienes las vieron aseguraban que aquello era destino. Inmersa en un sueño del que es difícil despertar, no había ningún sendero que no desembocara en mar. Fue un día de locura, de heridas que tan sólo se curaban de saliva, de besos prohibidos en rutas que sólo ellas conocían. Se salieron del camino, sin maleta ni equipaje, ilusa pequeña que creyó, que aquello era más que un viaje. Infinito parecía, universo perfilaba, más allá de sus besos sólo existía la nada. Pequeña tela de araña, que ella sola fabricó, no había jaula en el mundo con mejor decoración.

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