Tendrás que llorarme un río (Elena Beatriz Corujo Morales)

No tuve dudas, tenías que ser tú, alcé la radio y volví a escuchar: alguien había empapelado toda la ciudad con un singular mensaje: Mercedes y Carmina, vuelvan a casa, me estoy muriendo.
Las personas en la calle sacaban conclusiones:
– Y lo peor es que, si te descuidas, se está muriendo literalmente. Pobre hombre. Es una gata
Tenía ganas de gritarle a todos que Mercedes era yo, pero qué van a escuchar a una mujer que va con las pantuflas de andar por casa y el pelo atado con una cuerda.
Me tienes que llorar un río, fue lo último que dijiste cuando la niña y yo bajamos aquella tarde las escaleras. El regusto dulzón del bolero me hace reír, y te juro que aunque llores el mar, no vuelvo.
Entré al primer salón que encontré y salí con el cabello color berenjena y los tacones màs altos.
Temprano sintonicé la emisora:
Nuevos carteles inundan la ciudad. Esta vez parecen respuestas a los de ayer: Tendrás que llorarme un río, y lo firma Mercedes, quien ha tenido la gentileza de poner junto a su firma la foto de una gata.

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