El tercer gato (Jesús Lozano Mosterín)

Siempre tuve los gatos por parejas no LGBT.
Recientemente, mandé a trasquilar al gato
macho, que con diez años tenía un pelo
muy largo y en moños, como en estado salvaje.
Cuando volvió del veterinario, la gata no
lo aceptó como al mismo, y bufaba continuamente.
A pesar de olerlo y de observar sus movimientos
no daba crédito a sus ojos.
Yo mismo creí que se trataba de un gato nuevo,
un gato bebé que con su piel rosada y pelo como
de milicia gatuna, se asomaba al mundo de nuevo.
El problema fue que cuando estábamos los tres
juntos a veces me parecía que un tercer gato
nos rondaba, de lejos. «No puede ser. Los fantasmas
no existen», pensaba. No puede ser que nos aceche
el fantasma del gato bueno, un gato muy notable.
Decidí contarle el problema al psiquiatra, que
para castigarme por vía auditiva me contó otra
vez lo del rollo del gato de Sroedinger; pero en
una cosa acertó, que se había producido un
desdoblamiento en mi mente y que conservaba la
memoria del gato lanudo y del nuevo gato, en
paralelo. No había fantasma, pues, pero sí un
gato vivo con dos vidas.
– «Se le pasará cuando le crezca el pelo».
– «O igual se multiplica hasta siete» respondí.

Categorías



Cada lunes publicaremos la lista de los relatos más votados en la web y en redes sociales.

El número de votos conseguido solo será visible al final del Certamen.

Deja un comentario