A tientas (Adela H)

Huimos del piso con una mueca de horror en el rostro. Todo el edificio se sacude con violencia y es muy difícil mantener el equilibrio. A tientas, casi de memoria, conseguimos llegar a la escalera: la oscuridad es absoluta. En el tercer piso resbalamos con el agua de una tubería rota y caemos bruscamente. Nos abrazamos y nos susurramos mutuamente palabras de consuelo.
Cuando logramos ponernos de pie, una luz nos encandila. Alguien nos alumbra con una linterna y nos sugiere que bajemos los tres juntos. Aunque no vemos el rostro de quien nos habla, hacemos lo que nos dice. Cuando alcanzamos la calle nos damos cuenta de que el día se hizo noche. Entendemos que el descenso todavía no ha comenzado.

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