El tigre (Sebastián Lalaurette)

Él era un tigre, ¿comprende, detective? Fuerte, hermoso, cálido, de ojos penetrantes… Estar con él era estar segura. Me enamoré mucho antes del primer zarpazo. Entonces conocí de verdad a la bestia, a la que usted busca.

¿Me pregunta dónde está él ahora? No veo qué sentido tiene. Pregúnteme mejor por estas marcas en mi cuerpo. Por mi alma despedazada. Por las pesadillas. Por las noches de alcohol. Pregúnteme cómo aguanté tanto tiempo, cómo logré recuperar mi libertad. Esa es una respuesta que debería interesarle. Yo también tuve que aprender a usar las garras…

¿Se sorprende, detective? ¿Y por qué? Usted conocerá cientos de historias como la mía. No podía arrancarlo de mí con ruegos ni con caricias. Sentí surgir el poder de la tigresa, la claridad de una idea liberadora. Garras dije, necesitaba garras. De un zarpazo me arranqué el corazón y lo eché de la casa. Mi alma sangraba cuando cerré la puerta y aún sangra.

No, no sé adónde ha ido. Ya he dejado atrás su mundo. Rastree sus huellas como se rastrea a una fiera; búsquelo entre sus mujeres, hágales conocer a ellas también el poder de la tigresa. Aquí no encontrará lo que busca, detective. Aquí sólo queda mi dolor.

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