Todos esperan (Pablo Martínez Fernández)

Todos esperan que muera.
Oigo al gentío jalear a mi oponente. En mis oídos atruenan sus vítores, sus insultos.
Estoy herido. Siento la sangre fluir por mi costado, espesa. Me falta el aliento, las piernas me tiemblan, mi corazón redobla cual tambor. El tocado negro, símbolo de la muerte, me oprime la frente. Mi oponente se alza ante mí, poderoso, temible. El tocado blanco, símbolo de la vida, luce en su cabeza. La luz de las antorchas tiñe de rojo la hoja de su espada.
Todos esperan que muera. Para eso estamos aquí. La sequía dura ya meses, las cosechas se agostan, la muerte amenaza a la tribu. Los druidas leyeron las entrañas de un ternero y dictaron sentencia: sólo un combate sagrado aplacaría la ira de los Dioses. Si el heraldo de la vida vence, querrá decir que los Dioses nos perdonan y nos bendicen. Si el heraldo de la muerte vence, la tribu estará condenada. Por eso me escogieron a mí para vestir el negro: un paria al que todos desprecian. Debo morir por la tribu. Debo morir para que los que me odian vivan.
Caigo de rodillas, agotado. Mi rival alza la espada, victorioso. Oigo cómo le aclaman.
Me da la espalda, confiado.
Todos esperan que muera.
Así sea, pero no moriré solo.

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