Un trascendental digitalizado (Onofre Castells)

Me di cuenta en la soledad de las paredes pintadas que la realidad que transitaba fuera del torrente digital era en verdad una infrarealidad perecedera. Los habitantes de la infrarealidad, sin embargo, permanecían enajenados, o sea, no eran conscientes de su condición de infrahumanos en tanto concentraban todos sus anhelos en un arquetipo digital infranqueable desde la sustancialidad perecedera. Mis manos temblaron en la penumbra del ocaso humano mientras contemplaba estupefacto el bochornoso espectáculo de la suprarealidad a través de mi terminal. La verdad oculta se me desvelaba con la misma crueldad con la que un niño descubre que un día ha de morir. Ahora todas las piezas vaporosas cobraban solidez y empezaban a encajar sin fisuras en aquel puzle constituido por una líquida dualidad donde los infrahumanos aspiraban a un trascendental digitalizado, un mundo perfecto donde el bien, esto es, la felicidad como fin no era otra cosa que un “me gusta”,  un nuevo “seguidor”, un “compartido” más,  un exangüe “microrelato”…

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