Última bala (Ignacio Rubio Arese)

Es su trigésimo trabajo y le encanta el olor a pólvora. El sicario –apenas un muchacho de ojos endurecidos– se acerca en silencio hasta el hombre con traje Armani y, por la espalda, le descerraja un disparo indiferente. El hombre cae contra el capó de su deportivo negro. No hay nadie alrededor. Tan solo un perrito desgreñado observa la escena desde unos contenedores. El muchacho se acerca hasta él y le apunta fríamente con el revólver. De súbito le viene a la memoria Gaucho, el cachorrillo al que su padre echó a patadas por intentar morderle mientras golpeaba a su esposa. Nunca más vio a Gaucho, nunca más tuvo perros. Años después, recuerda, su padre le echó a él también a patadas por intentar clavarle un punzón mientras forcejeaba en defensa de su madre.
El muchacho pasea el arma por la cabeza mugrienta del animal, que le mira mansamente.
–Eres lindo, aunque apestas –murmura acuclillándose. Entonces le ofrece su cara, cierra los ojos, recibe unos lametazos. Por primera vez se siente limpio. Sonríe. Acciona el seguro. –Volveré pronto a recogerte –susurra.
Y se encamina en dirección a su antiguo hogar, con una última bala preparada en la recámara.

Categorías



Cada lunes publicaremos la lista de los relatos más votados en la web y en redes sociales.

El número de votos conseguido solo será visible al final del Certamen.

Deja un comentario