Su última salida (Francisco de Paz Tante)

Cuando se acercó, vio, con sorpresa, que no eran gigantes, sino molinos de viento, con sus aspas girando. Observó entonces, perplejo, la infinitud de la llanura manchega, mientras le brotaban las primeras emociones, aún extrañas, de su reciente libertad, tan deseada, tan buscada; aunque no pudo evitar sentir la brisa fría, aún incipiente, del aliento de la soledad, a la vez que un leve estremecimiento, al observar la inmensidad de la llanura, donde se agazapaban peligros e incertidumbres. Por eso, anegado ahora de añoranzas y recuerdos, dudó, incluso, si volver al redil del escritor, y dejar, de nuevo, los designios de su vida a los caprichos de su pluma y de su imaginación; o seguir adelante, él solo, en la que sería su última salida, su escapada final, ahora del libro, a la intemperie de la libertad.
Al final, decidió seguir caminando, él solo, ya sin el viejo rocín. Iría a El Toboso, en primer lugar, pensó; para buscar a Aldonza, y hablarle de su escapada, y de su inalterado amor. Porque ya sabía que esa era la única locura de la que no podría desprenderse: la locura del amor, y sus fantasías.

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