El último brindis ( Gonzalo Pérez Real)

Al anciano se le antojó una cerveza: helada y fuerte, buscando contrarrestar el efecto y calor que producía esa presencia. Pero no quiso ser descortés; el no abriría  una cerveza sin ofrecerle a su visita.  Y esa figura que ahora tenía frente a sí,  ocupando el medio de su austera vivienda, inspiraba  una sensación jodida estando sobria.  Se negaba a  pensar en lo que podría hacer su visitante ofuscado, bajo los efectos del alcohol. El dilema,  lo consumía con el mismo daño que le producía el licor a su cuerpo y su alma. Pero seguía dudando y el visitante lo sabía.
El anciano cansado de la vida y de los años, finalmente,  invitó a la visita silenciosa a beber porque el vicio pudo más que la razón.
Supo, desde que chocaron las botellas en señal de brindis, que era un grave error: a la Muerte, cuando te viene a buscar, no se le brinda licor.

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