En el umbral de la muerte (Rubén Tapia)

Ahora solo me resta cruzar ese umbral del desierto y de ahí… ¿qué? Para abreviar mi final, hago un recuento de las cosas mejores vividas, algo así como representaciones en forma de números, ¡No! ¡Yo no deseo recordar! Muerdo un pedacito de piel, quiero sentir la sensación de dolor, porque ya no la sentiré más .Agudizo mi olfato, el olor a encierro y pudrición es confortante, ya no husmearé más. Abro bien los ojos, y la claridad de la luna hiere mis pupilas, el parpadear ante la tenue luz me resulta agradable. Extiendo mi lengua y pruebo de la sangre coagulada en mis heridas recientes, me basta para satisfacer ese gusto por lo amargo. Por último, escucho el tétrico silencio, un silencio inusual en tiempos donde el ruido, por más mínimo interrumpe la ansiada calma. Ya no tengo más tiempo, no se prolongará porque el reloj de arena arroja los últimos  segundos en forma de granitos y nadie lo dará vuelta. Cuando llegan las primeras luces del alba, un aparato, ese ¡clic! molesto, comienza a marcar el último suspiro de mi existencia. Apenas si lo escucho porque es lo último que capta mi consciencia. Después, la calma absoluta y la nada. ¡Nada!

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