Una amplia y fría nada (Elena García)

Un grupo le había dedicado una canción, de eso ya hacía una década, era el jardinero más alto del mundo, rozaba el sol con sus pestañas, resistentes a su calor, algunas tardes de domingo se estiraba y sintiendo el flujo cósmico en la cara fantaseaba con que volaba estirando sus manos más allá de la Vía Láctea, si solo pudiera volar, le gustaría ser un cometa, un cometa barista mientras suena Sharon Van Etten, girando como un campo de girasoles, haciéndose el encontradizo con todos los asteroides y preparando un Mint Julep cargado, preparado con un buen whiskey y la cantidad justa de menta. Ordenaba con su azada de hierro ancestral la materia estelar alrededor del cinturón de Orión, colgando flores de cada estrella, porque sabe que el universo también sueña con primaveras eléctricas de polvo y agujeros negros con la banda sonora del zumbido de las abejas, pero al final se despierta y todo lo que puede encontrar, es, fue, y será la más amplia y fría nada, la amplia y fría nada estelar.

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