Es una florecita, muy delicada (Beatriz López Jerez)

El armario donde acababa de encerrar a su muñeca, era gigantesco, de madera vieja y con olor a rancio, oscuro, con adornos retorcidos en la altura y grotescas llaves para sus ajadas cerraduras, siempre lo había mirado hacia arriba, con la perspectiva de un enano, treinta y cinco años después, se sentía tan diminuto como entonces cuando lo observaba.

Sintió como los músculos de su cara se tensaban recordando cuántas veces se había encerrado acurrucado y abrazando a su muñeca en aquel espacio tan suyo, mientras en sus oídos, retumababan sin descanso, los gritos de los niños del barrio transformados en cantinela:

-Miguel es una niñaza, juega con muñecas, Miguel es una florecita…muy delicada.

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