V. y los rododendros (Mauricio Montiel Figueiras)

“L. está podando los rododendros.” Esta es la última anotación en el diario de Virginia Woolf. 24 de marzo de 1941.
Cuatro días antes de llenarse los bolsillos con piedras e internarse en el río Ouse, Virginia ve a su esposo cuidar unos arbustos. El rododendro, del griego “rhódon” (rosa) y “dendron” (árbol), florece en primavera. Todas sus partes son tóxicas.
Leonard Woolf poda unos arbustos potencialmente letales cuatro días antes de que su mujer se ahogue en el río. La muerte zumba en el aire. ¿Verá Virginia, segundos antes de que su vida sea podada, cómo las piedras en sus bolsillos se vuelven rosas?
“No creo que dos personas pudieran haber sido más felices de lo que lo hemos sido nosotros.” Así se despide Virginia de Leonard. No firma la carta suicida con su nombre de pila sino con su inicial: “V.” Una identidad podada al extremo.
Podar: de eso trata la escritura. “La señora Dalloway dijo que ella misma se encargaría de comprar las flores.” ¿Verá Leonard, mientras lee la despedida de V., las flores que crecen en los rododendros que podaba?
Hoy, 28 de marzo de 1941, en el río Ouse hay más piedras de las que había el día anterior. Hay un cuerpo que ha sido podado de la primavera.

Categorías



Cada lunes publicaremos la lista de los relatos más votados en la web y en redes sociales.

El número de votos conseguido solo será visible al final del Certamen.

Deja un comentario