Valeria (Ana Navarro Morales)

Mi hermana cantaba de una forma tan mágica y emocional que nunca nos cansábamos de escucharla. Una noche, tras el recital que solía ofrecernos después de la cena, recibimos la visita del párroco y el guardia civil. Venían a proponerle a mi padre, jornalero de profesión, que ocupara una deteriorada casa y sus terrenos a diez kilómetros del pueblo. El dueño, vecino de nuestra calle, estaba de acuerdo. Puede parecer extraño pero en los sitios pequeños la generosidad es parte de la vida cotidiana. Y desde entonces, trabajamos el campo acompañados siempre de sus originales melodías.

Sin embargo, cuando mis padres fallecieron y quisimos ordenar algunos documentos, descubrimos que nuestro hogar figuraba como aserradero. Según el señor del registro, así lo decidió el alcalde para que ningún vecino pudiera emprender acciones legales contra nuestra Valeria.

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