Vasos comunicantes (Adrián)

La primera vez que le vi fue junto a nuestro portal, durante el invierno pasado. Recuerdo el bulto moviéndose bajo la manta al escuchar la moneda golpeando la lata vacía. A su “gracias” siguió mi “buenas noches”. Y así, a fuerza de cruzarnos todos los días, los formalismos se convirtieron en discretas chácharas, estas, en pequeños coloquios y finalmente acabamos cogiendo confianza. Una mañana, después de discutir sobre el derbi de la noche anterior, me confesó, sin demasiados rodeos, que la limosna que le daba a diario le parecía una miseria. El primer billete de cincuenta se lo entregué semanas más tarde, momento en el que volvimos a dirigirnos la palabra. Luego llegaron el cheque al portador, las llaves del coche, la escritura de la casa. Ahora, acurrucado bajo la manta (ha tenido a bien prestármela), le veo salir del portal cada mañana con mi mujer y mis hijos, pero todos miran para otro lado.

Categorías



Cada lunes publicaremos la lista de los relatos más votados en la web y en redes sociales.

El número de votos conseguido solo será visible al final del Certamen.

Deja un comentario