Viajes crecidos (Francisco de Paz Tante)

Por las mañanas, percibo su aroma húmedo y excitante, en silencio, muy arrimados. Luego, al final del viaje, caminamos juntos hasta la calle y allí nos decimos adiós.
Al atardecer, procuro estar a la hora habitual, para subir juntos, y sentir el estremecimiento de las caricias que brotan de su mirada, el hálito de su sonrisa, tan próxima, su olor a ella. A veces, si estamos solos, para prolongar el viaje, yo pulso el botón del final, mientras siento el vaho de su boca y los efluvios del deseo. Luego descendemos al tercero, en el que vivimos – ella en el “a” y yo en el “c”-, donde nos esperan su marido y mi mujer, ajenos a la emoción que sentimos en nuestros viajes verticales rebosantes de seducción y fantasías, a veces crecidos hasta el cielo del octavo.

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1 comentario
  1. Como siempre, este Paco es un genio. Gran suerte el considerarme amigo suyo. Enhorabuena una vez más por tu gran obra.

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