A vida o muerte (David Dorta)

La gente emocionada le aplaudía. Todos, admirados, jaleaban al valiente guerrero. Había recibido azotes, latigazos, puñetazos; y ahí seguía, impertérrito, erguido y sin el mayor síntoma de dolor en su rostro. Entonces se giró hacia la grada y los miró. Todos, respetuosos, callaron. Alzó la voz y dijo: <<¿Por qué gritáis? ¿Qué os emociona? ¿Tanto os place ver a un hombre que ya no siente nada?>>. Se hizo el silencio. Tras unos segundos, el público comenzó a abandonar el recinto hasta quedar totalmente vacío. El valiente guerrero quedó solo. Miró a un lado y otro y ahora sí, sin testigos, se dejó morir. Comenzó a llorar. El humano sintió, el humano vivió.

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