Y vivió dormida para siempre (Patricia Bañuelos)

El insomnio no es el mayor dilema de la princesa, su mayor dilema es: ¿cómo deshacerse del galante príncipe?
Salió del profundo sueño a causa de la suavidad de unos labios, de inmediato lo llamó: mi príncipe. La adormilada damisela no supo qué hacer primero, si tallarse las lagañas, salir corriendo a lavarse los dientes o verificar si tenía rastros de saliva en la cara. Tiempo atrás, antes de rendirse a tan conveniente narcosis, declaró su búsqueda como infructuosa.
Tras su bochornoso despertar, se dedicó a vivir el “fueron felices para siempre”, pero conforme pasaron los días, los lindos detalles se convirtieron en demandas de camisas almidonadas y pantalones con la rayita milimétricamente al centro. Además, su “Alteza Real” no dejaba de señalar el polvo acumulado por los rincones.
Afligida pide auxilio, pero la línea directa de su hada madrina se encuentra apagada o fuera del área de servicio; los ogros dejaron de matar príncipes por considerarse políticamente incorrecto y ante tanta quema de brujas, la princesa no da con un conjuro que revierta el hechizo. Exhausta trata con desesperación volver al sueño que no debió abandonar y clama desde su balcón: Mi reino por un Diazepam.

Categorías



Cada lunes publicaremos la lista de los relatos más votados en la web y en redes sociales.

El número de votos conseguido solo será visible al final del Certamen.

Deja un comentario