Vivir igual que antes (Elena Morales)

No llevo chándal. Y muchísimo menos zapatillas de deporte. No, tampoco me verás por las mañana andando en el circuito biosaludable del pueblo, ni tomando café en el bar de enfrente.
Algunas personas se atreven a preguntarme directamente por ello, al extrañarles que me encuentre por las mañanas en plena calle. Ante mi respuesta, se quedan sorprendidos. Miran mi ropa. A veces me ha dado la impresión de que incluso me olisquean para confirmar si llevo perfume.
Quizás esperaban que cambiara mis pantalones de pinzas por unos deportivos, me dejara las canas sin tintar y abandonara el maquillaje para acentuar así el efecto de las arrugas. Y ya puestos, mejor andar cabizbaja y con semblante avergonzado.
Como si estuviese maldita, como si hubiese cometido un delito. A veces hasta yo misma dudo de si mi situación es compatible con mantener mi ritmo de vida anterior, de si aún tengo derecho a seguir frecuentando mi restaurante favorito o a hablar de tú a tú con mis vecinos.
No sé si es peor que me miren por encima del hombro o que me traten con condescendencia. Sólo tengo ganas de gritarles que sí, que sigo teniendo derecho a vivir igual que antes, por mucho que ahora esté desempleada.

Categorías



Cada lunes publicaremos la lista de los relatos más votados en la web y en redes sociales.

El número de votos conseguido solo será visible al final del Certamen.

1 comentario
  1. Te deseo lo mejor y Ojalá seas la ganadora.

Deja un comentario