A Yolanda (José Alberto)

Noche tras noche, preso de mi delirio alcohólico, podía oír el rumor del mar, podía ver el constante brillo de la luz del faro y a un extraño anciano caminando frente a mi jardín. En las noches de luna llena su rostro mortecino adquiría un aspecto aún más funesto y como si de un ritual se tratase su mirada se clavaba en mis ojos al pasar frente a mi ventana. Su expresión era la de alguien que lamenta el camino que emprende y trata de disuadir a los demás de seguirle, pero ¿ que terrible pesar le lleva a recorrer cada noche ese camino con el andar propio de los condenados? Una noche sin más dejó de pasar y aliviado me dispuse a andar fijándome en cada ventana en busca de la hermosa Yolanda cuya belleza me arrebataron las olas. Aquella noche nunca tendría un amanecer y aunque me aguarda su amor prevengo a otros de acabar vagando eternamente.

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