Zapatillas (José Javier Guirao Díez)

Cuando ya llegábamos al aeropuerto aguantar las lágrimas se hizo muy difícil. Según bajamos del autobús, le agarré de un brazo, le paré en seco y le di un abrazo, rompiendo a llorar como un niño pequeño al que le quitan a su madre…. Y lloré y lloré, rojo, suspirando, con hipo, la gente nos miraba. Derramé amargas lágrimas mientras miraba a todas partes, como intentando fotografiar ese momento, intentando congelar el tiempo, mientras el me miraba con lástima y me abrazaba mascullando cosas como “ya lo sabíamos” o “estarás bien” . Finalmente, me acompañó a los arcos de seguridad. Nos quedamos un poco apartados de la entrada y nos abrazamos varias veces más. Suspiré y resoplé. Nos miramos: “hablamos, ¿vale?”. Cogí fuerza: “vamos”. Me acompañó hasta la entrada a los arcos de seguridad. Recuerdo con mucho dolor cuando miré al suelo y vi cómo se separaban nuestras zapatillas. Le miré y con una extraña mueca de incredulidad, exclamé: “¡Dios! ¡Qué momento más horrible”. Él, mudo y resignado. Nos separamos y comienzo a arrastrarme por el recorrido. Cuando estaba ya cerca del arco, me apoyé en un cristal y le miré por última vez sin ya alma en los ojos y nos hicimos un gesto con la mano.

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1 comentario
  1. Deliciosamente trágico

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